Son las seis de la mañana en un día cualquiera de primavera, las campanas de algunos templos anuncian con repiques que la aurora colorea el cielo con tonos brillantes para dar paso al brillo del sol que acompañará al firmamento en las actividades matutinas que la rutina acostumbra a todas las familias en su diario vivir.
Café caliente con un rico pan en su extensa variedad no puede hacer falta en una cocina de ambiente coleto. Las voces de la radio o la música del agrado nos acompañan en las primeras horas de la mañana para preparar nuestra jornada, las niñas y los niños así como los adolescentes estudiantes e incluso los hijos universitarios desayunan el casero guiso de mamá o abuelita para poder aplicar todo conocimiento en su formación académica. Los adultos de la casa después de realizar su primer actividad rutinaria se disponen a comenzar su día con firme esperanza de ganar el sustento de cada día y sacar adelante a una familia.
Algunas devotas escucharon las campanas matutinas y alistan sus chales negros para cubrir su cabeza y asistir a la misa, a la salida no falta la invitación al fin de novena y el café que se dejó en el fogón o la estufa servirá para otro horario del día, ya que se atiende la invitación hecha por los dolientes para ir a la casa a degustar de ricos tamales, pan de San Ramón o de Fatima, de San Diego o de Guadalupe, de la colonia Revolución o de algún otro barrio, pero al final de cuentas, sin perder la esencia y sabor del rico pan coleto, acompañado de chocolate de bola o de café de olla, costumbres que poco a poco quedan en el recuerdo, a pesar que las mayores son quienes invitan a que se resista en perder lo que aquí narramos.
Las mañanas en San Cristóbal de Las Casas no siempre son las mismas, varían según la estación del año, las fiestas tradicionales que acostumbramos celebrar o la temporada de actividad, pero, al final de cuentas, son palabras que narran emoción y nostalgia, alegrías y tristezas, reacciones que narran, las costumbres y rutinas en una mañana coleta.